Les descripcions i anàlisis d’alguns dels aspectes més destacats de tres dels darrers espectacles de She She Pop (Testament, 7 Schwestern i Träumlabor), serveixen en aquest article per exemplificar la seva particular estètica escènica.

 

Testament (Testamento) y 7 Schwestern (7 Hermanas) son sin duda los proyectos del colectivo que más éxito de crítica y público han tenido en estos años. Ambos espectáculos se estrenan en 2010, sellando un ciclo creativo particularmente feliz para She She Pop, que trabaja sobre la tradición dramática occidental —Shakespeare y Chéjov— aproximándose a ella desde un punto de vista peculiar y muy personal: la autobiografía de los componentes del grupo.

 

En Testament tres performers llevan al escenario a sus respectivos padres, de modo que El rey Lear se convierte en una ocasión para investigar el contraste generacional actual en Alemania, apoyándose en la experiencia personal de los performers y sus genitores. El clásico shakeaspeariano es un punto de partida y un hilo conductor: durante el espectáculo el texto está siempre presente, proyectado sobre una pared en forma de Dramaturgie, junto con las notas, las glosas, los comentarios, las indicaciones y sobre todo los recortes. De ahí emerge claramente la intención del proyecto: el clásico ha de ser nada más que un material para editar y usar, material de juego. No se trata de poner en escena una versión contemporánea del Lear, sino de estudiar la esencia de la obra, conectarla con la actualidad y llevar ante el espectador el resultado de esta investigación, lo que una lectura hodierna del Lear puede significar para la sociedad contemporánea. Formalmente, el espectáculo se convierte en una prueba sobre Shakespeare, donde, con la lectura del texto, se alterna su análisis y comentario; y, sobre todo, donde con el trabajo se alterna la muestra del proceso de trabajo. La lectura del clásico se renueva no solo o no tanto en su puesta en escena sino también en su «puesta en discurso», presentando al público no solo el resultado de un proceso de adaptación sino también cómo se conduce un proceso de adaptación. Para hacerlo, los performers tienen que alternar —brechtianamente— su «mostrarse en cuanto personaje» con su «mostrarse en cuanto performer», dejando que el público los observe en su dimensión cotidiana, la del trabajo y la vida familiar de cada día. De ahí que la elección de llevar a los padres al escenario no se justifica solamente en la afinidad con el núcleo temático del Lear sino también en una necesidad de poner a los performers en una situación inusual, en la que queda expuesta una intimidad que normalmente el teatro no revela, sino que ayuda a disimular.

 

También en 7 Schwestern, versión de las Las tres hermanas de Chéjov, el clásico es un pretexto para hablar de actualidad a través de la biografía; en este caso, de los problemas de una generación que ha crecido a la sombra de los logros sociales, políticos y económicos de la generación anterior. El papel de la mujer, la responsabilidad de tener hijos, la afirmación personal por medio del trabajo: como Olga, Masha, Irina y Andrei, los performers se sienten perdidos, en un mundo que no les ofrece puntos de referencia estables. La casa de los Prozorov es ahora el teatro entero; el escenario, en cambio, es solo un lugar de paso, que los performers pisan de vez en cuando. Ahí se ubica una gran pantalla en la que se proyecta en directo lo que acontece en los diferentes ambientes en los que la acción se desarrolla delante de una cámara: el vestíbulo del teatro, las oficinas, un baño, la escalera de la salida de emergencia, por ejemplo. Como en Testament, aquí también se trata de una verdadera operación de manipulación y reescritura del clásico. Y en la misma medida en la que se desmiembra el texto, así también se desmiembra el espacio escénico, en una multiplicidad de imágenes que recuerdan a las conexiones en directo de los programas televisivos. Efectivamente, el teatro de She She Pop —al igual que el de grupos como Gob Squad o Rimini Protokoll— investiga en gran medida la estética del vídeo y el ritmo que esta impone a la recepción. En primer lugar, el uso del vídeo y el montaje en directo permiten un cambio rápido de ambiente, luz, sonido, atmósfera, que al puro medio teatral le costaría ofrecer. En segunda instancia, el concepto de «conexión» en una propuesta como esta se revela fundamental: aquí los performers, exactamente como los personajes de Chéjov, se ponen en contacto entre sí «artificialmente», mientras dialogan desde la distancia. Si tal distancia en las Las tres Hermanas era simbólica, íntima, aquí es física, expuesta y materializada frente al espectador. Mientras que las múltiples vídeo conexiones en directo, retratando a los personajes en diferentes entornos, permiten remarcar tal distancia, el escenario devuelve unidad y coherencia al discurso. Recosiendo la fragmentación espacial en una única mirada, la pantalla ubicada en el escenario hace evidente que aquí la pantalla ha sustituido al texto como principio unificador del espectáculo: el papel de garante de la unidad del punto de vista, que antes incumbía al texto dramático, ahora se asigna al escenario, el lugar físico donde el teatro se realiza, se da materialmente al público.

 

En todas sus creaciones, She She Pop apuesta por mantener abierto el diálogo entre ficción y realidad no solo a través del trabajo actoral de los performers sino, de manera más general, por medio de una manifiesta conciencia de que el teatro es antes que nada material humano. La cara vieja idea brechtiana de un espectador activo se actúa ahora más allá de la mera participación intelectual: los performers nunca se olvidan de que el público siempre está físicamente ahí, con ellos. Testament y 7 Schwestern se alimentan siempre de esta conexión con el espectador, al que los performers suelen hablar directamente, a la cara. Träumlabor (Laboratorio de sueños) va más allá, aceptando el público como «material real» potencialmente disponible para incluir en el proceso de creación. El proyecto nació con el fin de involucrar a niños y preadolescentes en el juego teatral; sin embargo, del ámbito de la escuela se fue trasladando a la programación normal de las salas. Aquí el espectador es usado como cualquier otro elemento del evento teatral, con la ventaja de que se revela un elemento mucho más flexible y dúctil, y de que su participación puede influir sobre el resto del público quizás aún más que la actuación del performer. Cada noche el colectivo elige a cuatro o cinco espectadores, que suben al escenario y se sientan detrás de una gran pantalla, que los oculta de la vista del público. Se les invita a contar lo que han soñado la noche anterior; mientras tanto, algunas cámaras les graban y transmiten su imagen a la pantalla. Entre bastidores, los performers se las arreglan para recrear situaciones relacionadas con el sueño que han contado; es decir, para realizar, de alguna manera, el sueño que están contando. Para ello, utilizan los objetos contenidos en una gran caja y manejan efectos vídeo que se sobreponen a la figura humana en un montaje realizado en directo. Los participantes no saben cómo se utiliza su imagen, no ven cómo ésta aparece en la pantalla; lo único que pueden hacer es adivinarlo a partir de las reacciones del público, de acuerdo con sus comentarios, sus risas y sus exclamaciones de asombro. El sueño que relatan se convierte en material textual y los propios participantes, grabados por las cámaras, en material visual. El espectador es y se siente parte integrante del espectáculo, aunque su actividad presente un doble carácter, activo y pasivo, ya que siempre está obligado a permanecer dentro de un format que depende exclusivamente de los performers. Ellos, por ejemplo, indican a los participantes cuándo deben hablar, cuándo y cómo actuar; y, por supuesto, son los performers quienes deciden siempre la duración del juego y cuándo termina. El espectáculo asume, pues, la forma de un marco contenedor en el que se inserta lo real, permitiendo que cada función se alimente de la novedad que el espectador aporta, poniendo en juego su biografía. Y el evento teatral se convierte entonces en una sesión comunitaria, en la que tanto los performers como el público se sienten invitados a contribuir materialmente a la creación y al desarrollo del proyecto.