(Habitación triangular.
Una puerta en el vértice del fondo y dos a los lados frente a frente.
Contra la pared, entre la puerta del vértice y las laterales, dos sillas.
Frente a las puertas laterales, en medio, una mesa individual con mantel blanco.
Desde el principio un hombre sentado a la mesa lee, sin levantar nunca la vista, un cuaderno de un menú.
Momentos después, aparece por la puerta de la derecha la anciana en bata y en la mano una taza y un plato.
Aparece por la puerta izquierda el anciano en bata que observa a la anciana cerrar la puerta con sigilo.
Ambos ancianos se miran unos segundos.
La anciana se acerca al anciano pasando por detrás del hombre.
)

Anciano. Qué

Anciana. Nada.

Anciano. Cómo que nada… ¿Cómo siempre?

Anciana. Sí, como siempre.

Anciano. ¿Te ha dicho algo…?

Anciana. No hables tan alto, que nos va a oír…

(Ambos miran a la derecha)

Anciano. (Más bajo) ¿Pero le has preguntado si…?

Anciana. No… lo he hecho salir en la conversación.

Anciano. ¿Y?

Anciana.  No tiene ningún pariente.

Anciano. ¿seguro?

Anciana. Sí… seguro.

Anciano. ¿Y las cartas?

(La anciana toca el brazo del anciano y después se lleva la mano a la boca al mismo tiempo que el hombre saca un pañuelo y se suena la nariz. Luego sigue leyendo. La anciana saca con disimulo del bolsillo de la bata un papel doblado)

Anciana. Le he cogido una…

Anciano. ¿Estás loca?

Anciana. No la echará en falta, estaba en la papelera.

Anciano. ¿Qué pone?

(La anciana desdobla el papel y ambos lo miran con avidez)

Anciano. Está toda arrugada, no se entiende nada.

(Pausa)

Anciana. Viene del norte de África.

Anciano. No está lo suficientemente lejos.

Anciana. Eso depende… (Lee) Estimado amigo…

Anciano. ¿Lo ves?

Anciana. (Lee) Estimado amigo…

(La anciana se acerca el papel a los ojos)

Anciano. Ven… aquí hay más luz…

(Ambos desaparecen por la puerta de la izquierda.
El hombre continúa mirando el cuaderno de un menú.
Oscuridad.
El hombre sigue en la mesa pero ahora come, sin levantar nunca los ojos, un plato de sopa.
Aparece por la puerta de la izquierda el anciano en bata que mira a la derecha. Después aparece la anciana con un abrigo por la puerta del fondo. El anciano se acerca a ella
)

Anciano. Qué…

Anciana. Sí, me lo han confirmado.

Anciano. Supongo que lo habrás hecho con discreción…

Anciana. Sí, me he presentado para el puesto.

Anciano. ¿Tú?

Anciana. Cómo querías que lo “confirmara” si no…

Anciano. Se habrán reído de ti…

Anciana. No, han sido muy amables, sólo les he dado lástima.

Anciano. ¿Y qué te han dicho?

Anciana. Que necesitaban una persona más joven.

(La anciana se va hacia la silla de la pared derecha. El anciano la sigue)

Anciano. No… qué te han dicho de él.

Anciana. (Se sienta) Tenías que haber oído con qué inocencia he preguntado si al otro… a él, lo habían despedido.

Anciano. Y qué…

Anciana. Pues que no lo han despedido, lo ha dejado.

Anciano. Lo que quiere decir que se está preparando para marcharse.

Anciana. ¿Y cómo podemos estar seguros…?

(La anciana se saca los zapatos)

Anciano. Tienes que enterarte hoy, esta noche.

Anciana. ¿Y por qué no te enteras tú?

Anciano. No chilles… A ti te tiene más confianza.

Anciana. Es que estoy cansada.

Anciano. Pero si sólo tienes que preguntar.

Anciana. No es tan fácil. (Se va hacia la silla de la izquierda con los zapatos en a mano. El anciano la sigue) No se puede ir así… y preguntar como si nada, primero hay que escuchar mucho rato, tanto que hasta me duermo, y no sólo eso, de vez en cuando hay que sonreír, animar, sugerir y al final, muy al final… preguntar.

Anciano. Al menos tiene ganas de hablar.

Anciana. A veces creo que demasiadas, eso y el coñac…

Anciano. Pero tú no bebes…

Anciana. No, y sólo le sirvo a él. (Pausa) Tengo hambre.

Anciano. Sí, ven, ya podemos comer.

(Se van hacia la puerta de la izquierda)

Anciana. ¿Y si lo dejara para mañana?

Anciano. Tiene que ser hoy.

(Se detienen)

Anciana. (Más fuerte) Pero…

Anciano. Ssst. (Mira a la derecha, el hombre se limpia los labios con la servilleta y vuelve a comer) Esta noche.

Anciana. Me duelen los pies, he caminado kilómetros… me he perdido dos veces…

Anciano. No tienes por qué estar de pie… (Se miran a los ojos) Está bien, dejémoslo para otro día, total, no tenemos tanta prisa, nadie nos apremia, no es una cosa que tenga que hacerse forzosamente.

(El anciano desaparece por la puerta de la izquierda. La anciana se detiene en el umbral)

Anciana. De acuerdo, hablaré con él esta noche.

(Suspira y desaparece por la puerta de la izquierda. El hombre sigue comiendo, sin levantar los ojos, el plato de sopa.
Oscuridad.
El hombre continúa en la mesa pero ahora come, sin levantar los ojos, un plato de pescado. Aparece por la puerta de la izquierda el anciano en bata que mira a la derecha, y luego se pasea detrás del hombre, de izquierda a derecha y viceversa, hasta que se oye el ruido de una cerradura y aparece por la puerta del fondo la anciana con un abrigo
)

Anciano. Qué…

Anciana. (Cierra la puerta) Nada…

Anciano. ¿Qué quieres decir con nada…?

Anciana. No sirve.

Anciano. ¿No sirve?

Anciana. Me lo ha dicho claramente aquel hombre, el señor… no me acuerdo… Bueno, primero me habló con evasivas pero al final ante mi insistencia dejó bien claro que no pensaba publicarle nada y que dudaba que alguien lo hiciera alguna vez.

(La anciana se sienta en la silla de la derecha y el anciano la ayuda a sacarse los zapatos)

Anciano. ¿Y te lo dijo así, tan claramente?

Anciana. Sí, me hice pasar por su madre, le conté que estaba muy preocupada por su futuro, que quería saberlo todo sobre sus aptitudes, sobre sus posibilidades y… nada, no tiene nada que hacer. (Pausa) Y él que tenía tantas esperanzas… Si hubieras visto como me leyó ayer unas páginas casi con lágrimas en los ojos…

Anciano. Hemos estado de suerte. (Pausa) Iré a buscarte las zapatillas. (Se va hacia la puerta izquierda, se detiene en el umbral) ¿Y no se ha extrañado de que tú… de que su madre fuera a …?

Anciana. No, le he quitado unos cuantos años, no muchos, no fuera a darme alguna esperanza para el futuro…

Anciano. Muy bien.

(El anciano desaparece por la puerta izquierda y momentos después aparece de nuevo con unas zapatillas en la mano)

Anciana. (Mientras él le pone las zapatillas) ¿Y si hubiera tenido alguna posibilidad? Y si aquel hombre hubiera estado interesado en su…?

Anciano. Pero no ha sido así. (Pausa)

Anciana. Sabes… era la primera vez que se lo leía a alguien…

(El anciano se incorpora tras haberle puesto las zapatillas)

Anciano. ¿Tienes hambre?

Anciana. (Distraída) ¿Qué?

Anciano. Si tienes hambre.

Anciana. No.

Anciano. Pero seguro que te duelen los pies.

Anciana. No, tampoco.

(El anciano se va hacia la puerta izquierda. Se detiene en el umbral)

Anciano. ¿Hablarás con él esta noche?

(Pausa)

Anciana. Sí.

(El anciano desaparece por la izquierda. El hombre sigue comiendo el plato de pescado.
Oscuridad.
El hombre continúa en la mesa pero ahora come, sin levantar nunca los ojos, un plato de carne.
Aparece por la puerta del fondo el anciano con un abrigo y se sienta en la silla de la izquierda.
Aparece por la puerta de la izquierda la anciana
)

Anciana. Qué…

Anciano. Ya está.

Anciana. (Se acerca a él) ¿Cómo lo has hecho?

Anciano.  No creas que eras la única aquí que sabe hacer las cosas.

Anciana. Pero qué le has dicho…

Anciano. (Se saca un zapato) Nada.

(Pausa.)

Anciana. Cómo que nada…

Anciano. No he hablado con ella. (Se saca el otro zapato). He hablado con su marido.

Anciana. Pero si me dijo que era su novia…

(La anciana se sienta en la silla derecha)

Anciano. Que va… En fin, ahora ya está, su marido ya lo sabe y me ha asegurado que…

Anciana. ¿A ti?

Anciano. No con estas palabras, pero yo sé leer entre líneas.

Anciana. ¿Qué quieres decir?

Anciano. Nada, nada.

(El anciano se vuelve a poner los zapatos)

Anciana. Si me dijo que era su novia, por qué no tenía que creerle, y gracias aún que me lo dijo a tiempo…

Anciano. ¿Pero no ves que es demasiado mayor para tener novia?

Anciana. Puede… pero a ti tampoco te extrañó que me dijera que no tenía familia… ¿Y por qué?… porque nos conviene. Es lo mismo que el amigo del norte de África.

Anciano. ¿Qué le pasa al amigo?

Anciana. Nada.

Anciano. Ya lo leíste, sólo era un conocido. (Pausa corta) ¿Es que te ha dicho algo…?

Anciana. No.

Anciano. ¿Entonces por qué los has mencionado?

Anciana. Porque de pronto te has olvidado que el norte de África está aquí mismo.

(Al hombre se le cae el tenedor al suelo, lo recoge, lo limpia con la servilleta y sigue comiendo)

Anciano. Tal vez es mejor dejarlo.

Anciana. Sí, quizá sea lo mejor.

(Se miran a los ojos.
Aparece por debajo de la puerta del fondo una carta. Ambos lentamente dirigen la mirada al suelo.
El hombre sigue comiendo el plato de carne.
Oscuridad.
El hombre continúa sentado a la mesa comiendo, siempre con la mirada baja, un plato de postres.
Aparecen por la puerta del fondo los dos ancianos con unos abrigos. Él se queda muy serio junto a la puerta mientras ella desaparece por la izquierda. Él se dirige finalmente con decisión hacia la puerta de la derecha y pone la mano en el picaporte
)

Anciana. ¿Qué haces?

Anciano. hemos de asegurarnos de si todavía está…

Anciana. Sí está. He limpiado esta mañana…

(La anciana desaparece por la puerta izquierda)

Anciano. ¿Estás segura?

(Pausa. Aparece la anciana en bata por la puerta izquierda)

Anciana. Sí.

Anciano. Pero desde la mañana…

Anciana. Toma… (Saca una llave del bolsillo de la bata y se la da al anciano) Compruébalo tú.

(El anciano mete la llave en la cerradura pero no consigue abrir la puerta)

Anciano. Tenemos que estar seguros del todo… lo hemos intentado pero el plazo se acaba, somos dos infelices más en una lista. Tú has visto que lo he intentado, que me he humillado como nunca me has visto humillarme… ¿verdad que lo has visto?

Anciana. Qué pasa… ¿Es que no sabes abrir una puerta?

Anciano. (Sacando la llave de la cerradura) Esta no es la llave…

Anciana. Déjame a mí. (Coge la llave y abre la puerta. El anciano desaparece por la puerta derecha y la anciana se queda en el umbral) No toques nada más. (Pausa) Ciérralo bien. (Pausa) La silla… No, ésa…

Voz del anciano. Qué…

Anciana. Estaba más a la derecha… Así no…

(La anciana sale por la puerta derecha, se escucha un ruido. Aparece el anciano que se queda en el umbral)

Voz de la anciana. ¿Has tocado algo más?

Anciano. No, ya lo has visto. (Se apoya contra la pared mirando hacia la izquierda) ¿Verdad que lo has visto?

(La anciana aparece por la puerta derecha y cierra)

Anciana. Sí, te has humillado como nunca te he visto hacerlo.

(La anciana se va hacia la izquierda y desaparece por la otra puerta)

Anciano. (Con alivio) Gracias.

(Vuelve a aparecer la anciana por la puerta izquierda, lleva una bata. Ayuda al anciano a sacarse el abrigo y a ponerse la bata)

Anciano. Espera…

(Saca del bolsillo del abrigo un sobre. La anciana desaparece con el abrigo por la izquierda. El anciano saca un papel del sobre)

Voz de la anciana. Estoy cansada, me duelen los pies.

(El anciano se acerca a la puerta izquierda)

Anciano. Tiene que ser esta noche.

Voz de la anciana. Es muy precipitado.

Anciano. (Alza el papel) No tenemos tiempo…

(Mira el papel mientras se acerca a la mesa donde come el hombre, se sitúa en su lado derecho. Aparece por la puerta izquierda la anciana en zapatillas, observa un momento al anciano, le coge suavemente el sobre y el papel, los mira mientras pasa por detrás del hombre que come y se sitúa en su lado izquierdo, se los guarda en el bolsillo de la bata)

Anciana. No sirve de nada leerlo una y otra vez.

(Pausa)

Anciano. ¿En qué piensas?

Anciana. En que no tiene un solo amigo.

Anciano. No, no lo tiene.

(Pausa)

Anciana. Ni siquiera una novia…

(Pausa)

Anciano. Ni parientes…

(Pausa)

Anciana. Ni trabajo…

(Pausa)

Anciano. Ni aptitudes literarias…

(Pausa)

Anciana. En el fondo es como si ya no…

(Se interrumpe al escuchar el ruido de la cerradura de la puerta del fondo. Ambos miran hacia allí. La puerta se abre poco a poco y muy lentamente.
El hombre sigue comiendo el plato de postres.
Oscuridad.
El hombre continúa en la mesa, sin levantar la vista remueve una cucharilla en una taza de café y con la otra mano sostiene un habano. Todo está oscuro excepto la mesa. Se escucha el ruido de una puerta. Pausa
)

Voz del anciano. (En la parte izquierda.) Qué…

Voz de la anciana. (En la parte derecha) Nada.

Voz del anciano. Como que nada… ¿Y eso?

(Pausa. Aparece por la izquierda junto a la mesa del anciano, momentos después aparece por la derecha y se sitúa también junto a la mesa la anciana con una botella de coñac)

Anciana. Es coñac, me lo ha regalado.

(Pausa corta)

Anciano. ¿Estás bien?

Anciana. No, la taza está dentro.

Anciano. No, te he preguntado si… ¿Por qué te ha regalado coñac?

Anciana. Hemos hablado… la verdad es que he hablado yo. Le he contado que las cosas no nos iban bien.

Anciano. ¿Qué le has contado qué…?

Anciana. Ha sido muy amable.

Anciano. Pero qué le has dicho.

Anciana. Nada, nada.

(El anciano desaparece en la oscuridad del fondo y regresa con una silla, hace sentar a la anciana, toma de sus manos la botella de coñac y la deja sobre la mesa. Después se va hacia la izquierda y vuelve a aparecer con la otra silla y con dos copas que deja sobre la mesa. Se sienta.)

Anciano. Nos tomaremos una copa, la necesitamos. (Abre la botella y vierte el coñac en las copas, luego mira la etiqueta) Sin duda es mejor que el que le traías tú.

Anciana. ¿Yo?

Anciano. Bueno, sí, se lo traías tú, ¿no?

Anciana. Pero lo comprabas tú.

Anciano. Está bien, lo compraba yo y se lo traías tú.

Anciana. Sí, los dos.

(La anciana bebe todo el coñac de su copa)

Anciano. ¿Qué les has contado?

(Vierte más coñac en la copa de ella)

Anciana. Nada que no intuyera ya. Ha sido tan amable, se ha compadecido tanto de nosotros…

Anciano. Cuántas veces he de decirte que eso no es ser amable .

(El anciano se bebe su coñac de un trago)

Anciana. ¿Qué es entonces?

Anciano. Es ser condescendiente.

(El anciano se sirve coñac. La anciana saca del bolsillo de la bata un pañuelo)

Anciana. Mira, hasta me ha dejado su pañuelo.

Anciano. ¿Es que has llorado?

Anciana. No, al final no.

Anciano. ¿Lo ves? te ha dado el pañuelo antes de que lloraras. (Bebe) ¿Y él, ha bebido?

Anciana. No lo sé, no he podido quedarme.

Anciano. Lo comprendo.

(El anciano sirve coñac en las dos copas)

Anciana. ¿Quieres que vaya ahora a buscar la taza?

Anciano. (Le toca la mano) No, iremos después los dos… juntos.

Anciana. Sí, es lo mejor.

(Pausa. El anciano apoya un codo en la mesa y se sostiene la cabeza con la mano)

Anciana. ¿Te encuentras bien?

Anciano. He bebido demasiado… y tú también.

Anciana. Ven, en la otra habitación estarás mejor.

(La anciana se levanta con dificultad, ayuda al anciano a levantarse, y ambos antes de ir hacia la izquierda se tambalean un poco. En la oscuridad se escucha el ruido de sus pies arrastrarse por el suelo)

Voz del anciano. Cuidado…

Voz de la anciana. No, yo tampoco estoy bien.

Voz del anciano. No estamos bien.

(Pausa larga. El hombre deja de remover la cucharilla, levanta la taza lentamente, la mantiene cerca de los labios unos segundos, la deja sobre la mesa, mira a un lado y hace una señal con la mano. Aparece del fondo un camarero)

Hombre. La cuenta.

Camarero. Sí señor. (Coge la botella) ¿No quiere una copa de coñac?

(Pausa corta)

Hombre. No, esta noche, no.

(Se va el camarero hacia el fondo.
Se oscurece lentamente la escena mientras el hombre mira al frente y fuma
)