Insisten: “Iago, escribe sobre teatro, escenografía, espacio escénico, etc.” Incluso llegan a pedirme: “escribe cualquier cosa.” Lo confieso, escribir no es lo mío. ¿Por qué he de dar fe de mi profesión a través de un documento escrito? La validez de la letra impresa va envuelta en seriedad académica. Galaxia de Gutenberg. Me siento a la mesa de mi estudio, donde normalmente invento montajes, diseño escenografías, con mi lenguaje, el que me es propio como vestir mi camiseta o mis calzoncillos. Acostumbro a hablar con dibujos, clases en el Instituto del Teatro, pintando, etc. Insisten en que poco quedará de ti si no dejas letras impresas. Lo demás está bien, pero… escribe.

Paciente, resignado y obediente decido escribir. Al principio me entra miedo. ¿Cómo decir con la misma facilidad y propiedad lo que sueño, invento, dibujo o pinto? Teatro.

Hablar de teatro, es como responder a la pregunta de un periodista inexperto. ¿Qué piensas de la vida? Compleja cotidianidad. La vida no es teatro. La cotidianidad no es teatro, así como robar edificios, paredes, jardines, muebles de la vida real, tampoco es escenografía. Algunos escenógrafos con escasa imaginación hacen escenografías de Hipermercado (departamento de bricolaje). Van de compras y encargan unas paredes, unos muebles y algunos aparatos electrodomésticos, que sin ningún rubor colocan en un espacio escénico, por supuesto contentos. Los colocan con el código de la imitación a la realidad, copiando fielmente el mundo de la hiper-realidad, los bañan con una luz objetiva y, si disponen de medios, realizan su sueño de la imaginación, que la luz entre por una ventana y enseñe a los espectadores cuando sale el sol, es mediodía, atardecer, noche azul. Directores y escenógrafos han inventado el teatro de piso. Olvidaba decir, que a su vez son capaces de teorizar en letra impresa, por supuesto, y de convencer de que el teatro más moderno y que el público pide es el teatro de piso. Sigamos con los escenógrafos. Los de escasa imaginación, pero con algunas pequeñas inquietudes de artistas post-modernos, los que se responden que ellos han de “aportar=crear” alguna cosa más personal, y que además puedan los espectadores identificarlos, recurren a la perversión como método que conocen, pero que no han sabido aprender y pintan de color rosa o con obsesivas florecitas los muebles del Hipermercado, haciendo responsables de su “perversión imaginativa” al cambio cromático o al módulo de una florecita elevada al infinito, y no se dan cuenta de que están haciendo teatro de piso para la señora Constitución o la Dama de rosa. Culebrones que, por su mala realización e interpretación, son capaces de provocar el asombro y hasta l distanciamiento cómico.

Lo dramático es que algunos directores y escenógrafos pretenden, con todos los métodos esotéricos a su alcance, hacer teatro de piso en serio, aunque para ello sea necesario torturar a los actores repitiendo una frase, toda una noche, hasta que se interprete bien, de la única manera posible, es decir, con la ingenuidad estética del efecto de realidad. También se puede teorizar y convencer.

He de recordar que, además de este teatro de piso, existen los otros teatros: tragedia, clásico, romántico, simbolista, épico, expresionista, etc. Con la persistencia limitada y el método involucionista, los otros teatros nos quedan lejos, desplazados; casi no te atreves a plantearte un montaje de tragedia por falta de profesionales competentes.

La escenografía no puede enseñarse si no se aparta del teatro de piso. La estilización, la desproporción, los cambios cromáticos no son conceptos de diseño, son fórmulas deformadoras de la realidad, cambios de decoración del piso del teatro de piso. Un diseñador de interiores se plantea muchos más problemas compositivos que un escenógrafo de teatro de piso. La escenografía, para que sea imaginativa, hay que inventarla. Se ha de partir de otras realidades, de las funciones que le son propias a cada realidad y transformarlas, a partir de aquí, en un espacio, hábitat u objeto escénico nuevo, inventado, jamás visto antes, el que corresponde al estudio profundo de las obras de los otros teatros.

El drama aparece con los directores de escasa imaginación, de casi o nula inventiva, incapaces de aplicar métodos de perversión, que optan por el facilismo en la puesta en escena, por el éxito inmediato, y que sólo pueden reproducir, lo cual no quiere decir evolucionar. Exigen al escenógrafo, sin imaginación también, que no invente cosas extrañas, es decir, que haga decoración de teatro de piso.

Siempre me pregunto qué sería de mí si sólo me hubiese alimentado del teatro de piso. Repaso mis intereses culturales y me sobrecoge la enorme desproporción. Más o menos un 98% de mi alimentación y satisfacción cultural, no tiene nada que ver con el teatro de piso.

Quiero acabar con un menú de alimentación cultural, con seis platos que son seis fragmentos de los otros teatros, escogidos al azar, no concretos, pero sí con posibilidades de perversión artística.

 

Es verdad, pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos…

Segismundo. La vida es sueño.

 

Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.

Leonardo. Bodas de sangre.

 

El árbol permanece en escena.
En sus ramas superiores puede verse un libro
.”
Knee Play, 14. Bob Wilson.

 

Pero si son éstos quienes yerran, ¡que no sufran
ni más ni menos mal del que injustamente me hacen!

Antígona.

 

Serán menester lágrimas para hacer bien este papel.
Si soy yo quien lo haga, cuidado con los ojos del
auditorio; causaré un chubasco, excitaré dignamente
la compasión, daré mucha lástima.

Lanzadera. Sueño de una noche de verano.

 

Mortal venganza que mi corazón inflama…
Aria de la reina de la noche. La flauta mágica.

 

Servicio de restaurant, platos, cubiertos y copas:
Teatro de piso.

 

Se me disculpará esta pequeña reflexión sobre el teatro de piso y los otros teatros.

 

El Masnou, 26 de mayo de 1991.