¿Podríamos decir que el teatro de Animalario trabaja con y a partir de la realidad?

Sí. Constantemente. Yo no conozco otra cosa.

 

¿Crees que en el teatro actual se está produciendo una reconquista de lo real o que, por el contrario, el teatro nunca se ha desvinculado de la realidad?

Entiendo la realidad como el mundo que te rodea, y el teatro no solo desde el punto de vista meramente teatral o estético, sino también social y político. Yo pienso que el teatro nunca se ha desvinculado de la realidad, puesto que no creo que haya otra manera de escribir que no sea haciendo referencia al mundo en el que vives. Pero sí que es verdad que ya no solo el teatro, sino el mundo, al verse con problemas, está reflexionando más sobre su sistema de relaciones.

 

¿Cómo se está realizando esta reflexión?

La política, bajo mi punto de vista, es la relación del individuo con el entorno en el que vive. Y actualmente hay muchos asuntos, muchos problemas, que están cuestionando el mundo en el que vivimos. Entre ellos la famosa crisis. De todas maneras, creo que es interesante señalar, y además es un tema que me gusta tratar, que realidad no tiene por qué significar realismo.

 

En absoluto, a veces huir de la realidad es precisamente lo que nos lleva al realismo.

Sí, aunque ahora es muy difícil hablar de «ismos». Tenemos tanta información, y de épocas tan distintas, que hay mucho donde elegir. Por eso creo que precisamente el eclecticismo, contradiciéndome a mí mismo, es uno de los rasgos de la época en que vivimos. De hecho, a mí me es imposible hablar de estilos al intentar describir lo que yo hago, aunque es algo que no me importa demasiado. A mí me interesan las emociones y hoy en día muchas cosas son portadoras de emociones. Además, el público tampoco hace caso de los «ismos». Ahora mismo, lo que está pidiendo es, por lo menos, vida, porque eso es lo que se está acabando.

 

¿A qué te refieres cuando dices que la vida se está acabando?

Me refiero a que en el arte hay una frialdad y un huir de las sensaciones tremendo. La época de la tecnología es maravillosa, pero también trae como consecuencia un distanciamiento de las emociones y de los sentimientos. Creo que se han abandonado las bases de la ciencia y nos hemos quedado con la hermana menor, que es la tecnología, que sin embargo es la que nos hace más cómoda la vida. Y la comodidad, como su mismo nombre indica, te da seguridad y te aleja de los sentimientos. Se está muy bien tumbado.

 

¿Cómo tratáis la relación entre teatro y realidad en Animalario? Existen muchas fórmulas, aquel referente que es reconocido por toda la colectividad, el teatro documento o ese teatro que podríamos calificar de «recontextualización de lo real».

Sí, estoy de acuerdo. En mi caso los referentes serían tanto Alejandro y Ana como Urtain. En el ámbito teatral hay muchas compañías que hacen referencia al documento histórico o político. Creo que es un fenómeno interesante. Incluso en la televisión manda la realidad: los programas deportivos, los documentales y esa mezcla de entretenimiento y documental que son los realities (Supervivientes, Gran Hermano, etc.). Es muy significativo. No sé muy bien por qué pasamos por esa época, quizás estemos viviendo una época de revisión.

 

¿Crees que este fenómeno tiene que ver precisamente con el hecho de revisar las relaciones, el sistema político, la crisis?

Yo creo que sí. No en vano el movimiento del 15-M ha surgido ahora. Hay una revisión del sistema de relaciones, de las redes sociales. Y no me refiero solo a Internet, sino a lo que significa ir en grupo al teatro, a lo que implica reunirse, encontrarse donde sea. Este tipo de relaciones son las que ahora mismo están siendo más revisadas para intentar vivir mejor en una época de crisis. Pero el capitalismo está marcando muchísimo el arte en este momento, ya que afecta a todo lo que nos rodea, incluso a las relaciones personales.

 

¿Qué problemas o peligros y qué posibilidades ves dentro del panorama teatral actual?

Tendría que reflexionar sobre ello, soy una persona más de acción. Pero a la hora de enfocar las posibilidades que tengo me doy cuenta de que, precisamente, se derivan de los problemas con los que me encuentro. Es decir, mi problema actual es que para hablar y profundizar sobre las cosas que me interesan, necesitaría más tiempo. Y me encuentro con que cada vez tengo menos dinero y menos sitios donde poder actuar. La red de teatros cada vez es más precaria, la red de teatros públicos incluso más, y el empresario privado tiene poco dinero. Yo mismo, en Animalario, vivo de una línea de crédito que pende de un hilo. Todo eso me obliga a que, si quiero más tiempo, tengo que cambiar la manera de relacionarme con el teatro y con mis compañeros. Pero creo que es un buen momento de intercambio.

 

¿Qué quieres decir?

Que hemos llegado hasta el 2011 acumulando un montón de información cultural y de influencias artísticas bien bonitas, ¿no? Y estamos en la era de la comunicación, en la que es tan fácil pasarse la información. Es el momento de poder trabajar de una manera más abierta y, sobre todo, con más tiempo. En esa línea voy a intentar llevar a cabo unos talleres de investigación en teatro contemporáneo que van a procurar mirar al mundo, a la realidad. Eso sí, tomándonos tiempo para trascenderla e investigar, para que no siempre se haga un teatro inmediato o de parodia, sino que la fórmula pueda ir más allá.

 

Dices que uno de los problemas a los que te enfrentas es la falta de tiempo. ¿Crees que la inmediatez del teatro actual puede considerarse como una amenaza?

A mí siempre me gustaría tener más tiempo, sencillamente. Para poder hacer equipos con más tiempo, para tener a los actores que realmente quiero, para conseguir el dinero que hace falta, para organizar una gira. Ahora mismo el teatro sufre muchos problemas debido al dinero y, en consecuencia, la falta de tiempo de ensayo te impide profundizar. Hace que los repartos se cierren a última hora y esto provoca que los actores no se puedan comprometer tan a largo plazo. Y por todo esto está desapareciendo lo perdurable de una obra de teatro, sencillamente por la inmediatez.

 

¿Crees que la inmediatez repercute en el lenguaje teatral, haciéndolo más parecido a la inmediatez de la televisión, que debe emitir y producir ficción diariamente?

Exactamente. Es más chato, encuentras menos variedad y menos profundidad. Si tú vas a ver espectáculos del Théâtre du Soleil, te das cuenta de que llevan nueve meses trabajando aquello. Y eso no te impide seguir produciendo entre medias, simplemente hay que reorganizarse de otra manera. En el futuro pienso que el teatro ha de incidir más en el sitio donde está. No tiene que ser solo una cosa ligera para exportar a provincias y después al extranjero, sino que tiene que tener sentido en el núcleo en el que vives y tiene que influir en él. Me acuerdo siempre de una frase de Valle-Inclán, que dice que para ser universal hay que ser provinciano. Yo creo que es bastante acertada.

 

Volviendo al proyecto de los talleres de investigación, ¿cuáles serán los primeros temas sobre los que trabajaréis?

Aún estoy pensándolos. Yo he intentado que se basen en tres pilares, pero todos giran en torno a la palabra educación. No educar a nadie, sino educarme a mí mismo. Viene de una anécdota que me reveló que estaba muy mal educado, no por mis padres, que me educaron bastante bien, sino por la sociedad en la que he vivido. Noto que, al menos en mi generación, en la generación de mis padres y en la generación inmediatamente posterior a la mía, que son las generaciones que mejor conozco, tenemos una educación sentimental o emocional pobrísima. No sabemos cómo aprender el amor, ni tampoco el sexo. No sabemos cómo mantener una relación, no sabemos cómo romperla, no sabemos hacer un trío. No sabemos hacer nada y todo nos da miedo. Me gustaría investigar cómo aprendemos el amor. Y eso va a ser sobre la base de improvisaciones que después darán lugar a un texto teatral, o a los que hagan falta. El segundo taller será sobre la educación sociopolítica. Es decir, sobre el mundo que nos rodea, sobre la realidad. Aunque creo que tu amor es tan realidad como tu sociedad… Este desembocará en un montaje sobre el capitalismo. Y el tercer taller versará sobre nuestra educación cultural. Yo creo que fundamentalmente ha sido la cultura religiosa la que ha marcado a España de una manera más fuerte, en particular a mi generación y a las anteriores. Novalis hablaba de que la Biblia debería ser una especie de poesía en acción, de libro de interpretaciones y de evocaciones. Y creo que lo debe ser, tanto desde el punto de vista conductual como desde el punto de vista histórico. En mi comportamiento y en el de toda una generación veo una serie de conductas que son un reflejo de la Biblia, desde la culpa hasta el sacrificio, el perdón o incluso el concepto de amor. Por eso me gustaría interpretar la Biblia desde el agnosticismo y desde el teatro, porque lo único que yo he oído a lo largo de mi educación es una interpretación hecha por curas y monjas, y me gustaría tener otra versión.

 

¿Programarías algún gran teatro o algún festival?

Yo creo que las artes, en general, deberían ser un bien público, porque el alimento que supone el arte es fundamental para el bienestar del ser humano. Fundamental. Es lo que nos diferencia realmente de los cocodrilos. Y creo que más arte ayudaría a mejorar las relaciones humanas y a que el mundo fuera menos mortal. Sinceramente lo creo.

 

¿Cuando dices «que el mundo fuera menos mortal» a qué te refieres?

A que no estuviéramos todo el día y en todas partes en guerra. ¿Qué se le va a hacer si hay un terremoto? Ante eso no podemos hacer nada. Pero sí se puede evitar la guerra, ¿no? Por mucho que sea el mecanismo que más favorece a la economía mundial en este momento. Sinceramente, creo que igual que la salud y la educación, el arte debería ser un bien público y, en ese sentido, desde mi humilde posición, intentaré hacer todo lo que pueda para que siga siendo así y para que evolucione más.

 

¿Cuál sería la forma más práctica de incidir?

Pues intentar que las instituciones no pierdan sentido, que no estén en manos de irresponsables, incidir en la ciudad como incide un Bob Esponja en el horario infantil, ¿entiendes? Que de repente un teatro o un centro de investigación sea referencia en un barrio o en una ciudad hasta tal punto que nos lleve a preguntarnos: «¿Qué hay ahí que hace que me cuestione, que me hace llorar los domingos por la tarde cuando ponen una de amor, que me hace tener más compasión hacia el ser humano?» Creo que son temas muy básicos que se nos olvidan. Se nos olvida compartir la cantidad de amor que puede producir el teatro, que es tremendo, y que, además, hace mucha falta en el mundo en que vivimos.

 

¿Te refieres tanto a los espectáculos como al papel de las instituciones?

Sí, he discutido mucho sobre este tema. Cuando algún amigo mío de repente me dice «no sé qué hacer, es que me han ofrecido la dirección de este centro», yo le digo «hazlo, por favor», porque hace falta que nosotros desempeñemos este papel, aunque sea por un período breve. Se está dando una tendencia política creciente a privatizarlo todo, que a mi parecer es lo que desea la derecha más recalcitrante, y luego hay otra tendencia a enfriar el trabajo. Se supone que ya hemos pasado la época en la que los directores debían educar al público, y ahora los gerentes son los que deben gestionar los teatros. Yo creo que los centros de arte tienen que estar llenos de artistas y que después haya economistas y abogados que les ayuden. Pero yo prefiero que dirija un teatro un director de escena a que lo dirija un abogado, sinceramente. Creo que va a tener muchísima más sensibilidad y se va a preocupar más por el público, ¿sabes? Y te pongo este ejemplo como podría ponerte cualquier otro.

 

¿Quieres decir que los artistas no deben estar al servicio de los gestores y programadores?

Me refiero a que exista un compromiso de los artistas con la ciudad. Yo creo en la libertad del artista, que cada uno haga lo que le dé la gana, por supuesto. Pero también creo que está bien que al menos durante un período, si tienes la oportunidad, colabores y hagas lo que puedas. Y si después el gobierno de turno no te deja hacerlo, pues o te pegas o te despides. Lo que sea, pero que pasen cosas.

 

¿El teatro en el ámbito del testimonio da una opinión? ¿Existe una apropiación del discurso? Yo hablo de la guerra de Palestina y tomo una opción. Yo hablo sobre el terrorismo y tomo una opción. Y mi opinión pasa a ser como el diccionario de historia.

No sé, a mí eso me parece horrible, al menos no lo comparto. Yo creo que está muy bien que se cuestione la guerra, que nos hagamos preguntas. Ahora bien, que lo que cada uno diga vaya a misa me parece absurdo. Y a eso está ayudando mucho la prensa. Cada vez que pasa algo se genera una opinión y cada opinión se transmite en un foro como una aseveración: esto es así. Y yo siempre digo: «o no». Ahora bien, creo que sí está muy bien cuestionarlo. Está muy bien cuestionar cualquier cosa, desde la guerra de Palestina hasta el caso de la SGAE, todo. Está muy bien. No pasa nada.

 

¿Y cómo consigues en tus espectáculos seguir cuestionando?

He de decir que no es mi intención cuestionar. Desde la entrega de los Goya y Alejandro y Ana, parece que haces una cosa surrealista basada en los sueños y que tiene un mensaje político. Y no es así. Yo intento hacer de todo, o me sale de todo. Pero no me preocupo por intentar cuestionar, sencillamente si se cuestiona, se cuestiona y ya está.

 

¿Crees que los procesos de producción están cambiando o deberían cambiar?

Yo creo que están cambiando, pero todavía no lo hemos notado tanto. Pero ya te digo que el productor tiene que ser uno más en el proceso artístico y saber mover la obra de la manera más inteligente. En momentos de crisis, el primero que debe adaptarse es el productor. Si no, te hundes.