Hubo, en el principio, el deseo de reunir nuevamente en un montaje al dúo actoral del «ÑAQUE» originario: Luis Miguel Climent y Manuel Dueso. Cuando un par de actores alcanza el grado de compenetración que ellos lo­graron tras más de trescientas actuacio­nes, arrastrando el arcón y los piojos por latitudes y escenarios tan diversos, es difícil aceptar una separación prolon­gada.

Hubo, casi simultáneamente, el de­seo de regresar a Beckett, y esta vez a un Beckett igualmente originario: esa extraña ¿novela? llamada «MERCIER ET CAMIER», en donde están los gérme­nes, entre otras cosas, de Vladimir y Estragón… que fueron a su vez el germen de Ríos y Solano, los personajes de «ÑAQUE». Cuando un grupo teatral se confronta con el mundo beckettiano —tal como nosotros hicimos en «PRIMER AMOR» y, tangencialmente, en «¡QUÉ HERMOSOS DÍAS!»—, es difícil sustraer­se a la tentación de reincidir, de seguir explorando sus inquietantes laberintos.

Y cuando el trabajo dramatúrgico estaba iniciándose, llegó la información de que ya existía una versión teatral de la novela, realizada y dirigida en París por Pierre Chabert, con la complicidad del propio Beckett. ¿No era una osadía injustificable que intentáramos nosotros remedar la experiencia? Tanto más cuanto que conocíamos a Pierre Cha­bert, con quien coincidimos en la más ambiciosa aventura beckettiana realizada nunca en nuestro país: el FESTIVAL BECKETT organizado en Madrid por el Círculo de Bellas Artes, en abril de 1985, en parte por iniciativa de EL TEATRO FRONTERIZO —Jordi Dauder fue «nues­tro hombre» en la empresa— y a impul­sos del tesón infatigable de nuestra ami­ga M.a Antonia Rodríguez Gago.

Así pues, conectamos con Chabert en París —Olga Escobar fue la portavoz de ETF— y éste se mostró de inmediato dispuesto a trabajar con nosotros. La gestión de M. Garmendia, director del Institut Français de Barcelona, obtenien­do la ayuda de la Association Française d’Action Artistique del Ministère des Af­faires Étrangers, contribuyó a viabilizar el proyecto.

Y, para acabarlo de hacer posible, el equipo de TEIXIDORS A MÀ —TEATRENEU nos solucionó, con su oferta de local, la posibilidad de estrenar el espectáculo en Barcelona.

La conjunción de tantos y tan diver­sos factores —otros muchos se omiten por deferencia con el lector— dio viento al viaje que a continuación se narra.