La primera vez que un poema visual de Bross me golpeó en el lóbulo frontal, experimenté un inolvidable efecto de eco entre ambos hemisferios cerebrales. Esto me pasó en la Escola Elisava, mientras realizaba un crucero humanista por el racionalismo utópico. Sin embargo, ulteriores acontecimientos me han traído a hablar de la influencia de la obra de Joan Brossa en mi música, que podría ser un piano con teclas de fichas de dominó, aunque se ha concretado de alguna forma en el Método de Composición Objetiva[1], o un intento de que la música opere en el estrato mental/anímico que produce/genera la obra de Brossa.

Un estrato no simbólico, no sígnico. Por tanto, desprovisto de jerarquías perceptivas, mágico.

Es decir, si nuestra vida está hecha de la materia de los sueños, Brossa elabora una posible señalización de lo soñado o aún más, su matemática. En tales campos se desplaza la música o así debería hacerlo. No podemos olvidar que, en nuestro inconsciente, en aquello más inercial de nuestra mente, somos buenos mecánicos semánticos, expertos en verdades. (De la misma manera que el compositor propone al oyente un juego con su capacidad premonitoria inmediata, produciendo lo que espera oír o lo que no, estimulando en cierta medida muchas actividades corticales del hemisferio derecho, así debe hacerlo consigo mismo en relación a las fuentes que proveen la materia que va a utilizar como señalización).

Es así como se produce la extracción. Se extrae de la “realidad” como una carta de un mazo. Una lectura plana revelaría “concreción” y “azar”, pero sabemos que la exactitud es un privilegio de esta clase de comunicación y que la cualidad de dicha exactitud consiste en parecer cualquier cosa menos exacta, ya que, ciertamente, la percepción visual de lo verbal produce una gran actividad sináptica. No hay en ello nada aristocrático, pues resulta tremendamente uraniano. Es ni más ni menos, periodismo para consumo neuronal interno. Seducción, que ha llegado hasta mí a través del filtro generacional que me corresponde: la espléndida generación conceptual catalana de los 60.

No hay mente sana que no se sienta seducida por tanta libertad.

 

[1] El Método de Composición Objetiva fue presentado en la Institució d’Estudis Politècnics (IDEP) el 20/04/1989 y en la Facultat de Belles Arts de la Universitat de Barcelona el 31/6/1990 y publicadas distintas aproximaciones en: Catálogo del III Bideoaldia “gastrubción” (Tolosa-oct, 1989); Catálogo del Wiener Fest Wochen “Urlaub für die linke Schläfenrinde” (Austria-abr. 1989); Intermedia “És a dir: Hola” (Publicacions Universitat de Barcelona, 1990).