(…) La levedad es una virtud que hoy resulta esencial, ya que los temas, en general, son vastos y “pesados”. La búsqueda de una poética de la levedad, de la abstracción, que transforme el acto de escribir en una “estructura sobre granos de arena”. Levedad no es sinónimo de empobrecimiento intelectual; por el contrario, remite a la sutileza del razonamiento abstracto. El intento es hallar por este camino la forma de un texto rápido, basado en la idea de “economía expresiva”, en la contraposición de la rapidez y la espera. Las historias de los cuentos de hadas ilustran bien este concepto.

Es la apología de la concisión. Un valor que debe ser preservado en la literatura: decir con poco lo que puede ser dicho con poco. El lenguaje se llena de “sense of humour.”

Historias rápidas que exigen un determinado grado de “exactitud”. Este concepto se opone a lo vago e indeterminado.

(…) En el teatro, hoy, el texto preexiste, pero el dramaturgo no puede olvidar que el cuerpo del actor también, como forma, como ritmo, como intimidad, como figura.

(…) La importancia de los signos gráficos y de las pausas, propuestas como indicios de una musicalidad, de la respiración. Por ellos el “sonido” de la frase puede ser más importante que su sentido. Hay que componer los textos. Lo mismo ocurre con las acotaciones, que deben sugerir poesía para que puedan, incluso, convertirse en frases en el espectáculo, o en imágenes que propicien una comprensión aún mayor del texto.

(…) El personaje central es el individuo, corriente, perdido en el anonimato de las grandes masas, doblemente vulnerable frente a la omnipresencia de la muerte y frente al poder arbitrario.

(…) Contra la a-realidad, donde “si” significa “si” o “no”, o incluso “tal vez”, según las circunstancias y según quien habla, contra las mistificaciones de la retórica política, surge el lenguaje desnudo de la poesía, que trata de “limpiar” la lengua, de volver la palabra univoca y transparente.

(…) Los monólogos son casi la confirmación verbal de la soledad de los personajes.

(…) El lenguaje de los ojos es el marco de las cosas que no se dicen. El silencio posee la limitación de los ojos. Los grandes silencios requieren una mirada vasta.