Autor: Federico León
Año: 1998. Estrenada en el Teatro del Pueblo en 1999 (Buenos Aires)
Cómo encontrarla: Ed. Adriana Hidalgo Editora (Buenos Aires) / Casa de América de Madrid, volumen colectivo Teatro Americano Actual
Personajes: Madre (de unos 60 años), Gastón (su hijo, de unos 35 años), Lisa (de unos 25 años), Enso (de unos 9 años)
Espacios: Un lavabo, con una bañera llena de agua
Tiempo: Actualidad

Sinopsis: La acción transcurre en el lavabo de la casa de Gastón y su Madre. Ambos personajes viven solos desde que el padre se marchó. En el lavabo, aparte de una bañera llena de agua en la que permanecen los personajes gran parte de la obra, hay una televisión. El padre ausente es buzo y no se sabe con certeza dónde está, ni siquiera si sigue vivo. Sabemos que «se subió a un barco y nunca volvió». Esta afirmación la hace Lisa, nombre artístico de Marina, vecina y novia de Gastón, que acude con su hijo Enso a visitar a la familia.

Los cuatro personajes se encuentran en el baño, en un ambiente extrañamente orgánico, donde el agua va llenando la bañera y llegando a los pies de las primeras filas de espectadores, dónde la cotidianidad se enrarece y se vuelve vertiginosa.

No pasa nada grandilocuente, salvo el fabuloso misterio que generan estos cuatro personajes y su forma de relacionarse.

Comentario: Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack es una de las obras teatrales que más me ha impactado. La vi en el 2001 en la Sala La Almohada, en Buenos Aires, y es la primera vez, y una de las únicas, que una obra de teatro me ha generado la necesidad de volverla a ver. A los pocos días volví al teatro para repetir. Ahora leo la obra publicada, después de casi cinco años, y reconozco que su escenificación es casi imprescindible para completar el texto. Estamos hablando de otro autor argentino, jovencísimo, brillante y muy personal: Federico León. Sus obras completas acaban de ser publicadas por la Editorial Argentina Adriana Hidalgo.

Se ha dicho en repetidas ocasiones que el teatro argentino actual está generando propuestas muy interesantes. Es ya un hecho constatadísimo. Y este texto es uno de los mejores ejemplos de ello. A partir de una escritura escénica, de un trabajo largo y lento con los actores y, sobre todo, de un riesgo contundente y serio, Federico León logra crear un ambiente cargado de misterio, poesía y teatralidad. No suceden grandes acciones, no usa peripecias impactantes, ni trucos, ni vueltas de tuerca. «Sencillamente», y laboriosamente también, construye un espacio teatral único, unos personajes tan peculiares como reconocibles, y nos presenta una situación dramática extraña y brillante.

Parece sencillo pero no lo es. Cada gesto y cada palabra contienen la riqueza y la justeza necesarias para que la obra no se vuelva hermética.

Una madre y un hijo que recuerdan a un padre buzo que nunca aparece. El baño como lugar de encuentro, pues el padre se perdió en el mar. El agua que inunda el espacio escénico real. Unos aparatos electrónicos que parecen a punto de electrocutar a los actores. Un niño que come galletitas y tira las migas al agua. Un traje de buzo que asfixia literariamente al actor. La mujer mayor que permanece tanto tiempo en el agua, allí, delante de los espectadores. Toda esta tensión expresada en un tono casi familiar, orgánico, absolutamente creíble.