AUTOR:  Rafael Spregelburd
TÍTULO: EL PÁNICO  (texto número 5 de la Heptalogía de Hieronymus Bosch)
EDITORIAL: Ed. Atuel, AECI (Bs. As.)
TRADUCCIONES:  Castellano, inglés.
PÁGINAS: 73 páginas. Mecanoscritas.
AÑO DE REDACCIÓN: julio 2004 (cuarta versión)
PERSONAJES:
Lourdes Grynberg, la madre
Jessica Sosa, hija de Lourdes
Guido Sosa, hijo de Lourdes
Emilio Sebrjakovich
Betiana, bailarina
Anabel, bailarina con problemas
Terapeuta
Rosa Lozano, agente inmobiliaria
Susana Lastri, psíquica
Dudi, bailarina
Cecilia Roviro, gerenta del Tornquist
Marcia
Roxana, secretaria de Cecilia
Regina, amante de Emilio
Elyse Bernard, la coreógrafa
Melina Trelles, penitenciaria
Úrsula

ESPACIOS: Diversos: Piso de Regina. Piso de la Familia Grynberg- Sosa-Sebrjakovich. Sala de ensayo de un grupo de danza contemporánea. Un banco. Una cárcel.
ESTRUCTURACIÓN: 12 ESCENAS

SINOPSIS:

Emilio Sebrjakovich es un muerto que todavía no sabe que murió y que pasea por esta historia sin que la mayoría del resto de los personajes lo vea.

Su familia, compuesta por su madre adoptiva y amante, y los hijos de ésta,  buscan desesperadamente la llave que abre una caja donde supuestamente Emilio ha dejado un dinero. Para ello, se someterán a sesiones con la vidente Susana Lastri y con un terapeuta.

Al mimo tiempo, la otra amante del “cadáver”, Regina,  está en la cárcel.

En el banco Tornquist, donde  supuestamente existe una copia de la llave, trabaja la gerente Cecilia Roviro, cuyo padre también ha muerto en circunstancias muy extrañas. Dicha muerte también guarda relación con Regina, la amante encarcelada.

Jessica, la hermanastra de Emilio, forma parte de un grupo de danza contemporánea  que prepara  una coreografía “intelectual y afectada”, basada en una historia incomprensible que al final resulta ser la misma historia que cuenta la obra: La del libro de los muertos.

Una trama compleja e irónica con aires policíacos que,  a medida que se va  tejiendo y enlazando con las subtramas de los diferentes personajes, crea un mundo propio, un microcosmos donde nada sigue una linea recta.

“El pánico es además un estiramiento extremo de esa idea poética que valora al Sentido por sobre el Significado. La apuesta es alta. Se trata de construir una obra sobre lo Trascendente pero usando exclusivamente ladrillos de Banalidad. Lo trascendente debía aparecer por estricta omisión. El encadenamiento de las situaciones es caprichosamente tenue: incluso cuesta destacar la línea central (la búsqueda de la llave del Banco Tornquist), porque todo está mellado por la monstruosidad entrópica de la dispersión. Pero los personajes no lo saben. El pánico, como todo relato policial, cuenta una historia secreta mientras aparenta contar otra a viva voz. Pero es ese nudo profundo -quizás sólo expuesto a la intemperie en el abrupto, incómodo final- el que nos animó a explorar de lleno el vacuo e intrincado camino de las apariencias. La convivencia híbrida de lo banal con lo trascendente está –para mí- en la matriz de toda pregunta por el sentido del teatro”.

(Rafael Spregelburd, prólogo  a sus obras teatrales “La Estupidez” y “El Pánico”)

ANOTACIÓN:

Cuando estudiaba primer año en el Institut del Teatre, Rafael Spregelburd trajo  a Barcelona una obra magnífica sobre relatos de Raymond Carver; recuerdo que quedé fascinada, no sólo por el ingenioso ejercicio dramatúrgico y el humor que tenía esa obra sino porque él mismo la dirigía, la interpretaba (junto a la fantástica actriz argetina Andrea Garrote) y, además, firmaba la dramaturgia. Desde entonces he ido siguiendo su trayectoria  (viendo sus montajes aquí o en Bs As, o leyendo sus textos) y nunca he dejado de sorprenderme.

EL PÁNICO forma parte del conjunto de textos inspirados en los siete pecados capitales del Bosco. Aquí pudimos ver  LA MODESTIA, tercera entrega  del grupo (Sala Beckett, Grec 2001). Y en Argentina aún se puede ver LA ESTUPIDEZ (El número cuatro), que ha ganado ya una importante cantidad de premios.

El PÁNICO ha sido escrita expresamente para un grupo de actores de la Escuela Superior de Arte Dramático, lo que refuerza la idea de una escritura escénica más que literaria. Donde el juego teatral no es una simple formalidad, sino que  a partir de un engranaje dramatúrgico complejo la obra adquiere un interesante nivel simbólico así como una diversidad de planos de interpretación.

En EL PÁNICO cada escena está llena de recursos dramatúrgicos, de imaginación, de ganchos, de guiños, de giros, de ingenio. Se trata de una escritura que juega  con la trama a partir de  la  libertad creativa,  que ironiza sobre la convención dramática al mismo tiempo que revela un profundo conocimiento de la misma. La historia (o diferentes historias que se encuentran en una) conduce a  una lógica personal y sólida, y a pesar de que la estructura y la forma te hacen pensar en una racionalidad extrema, los personajes son terriblemente humanos, a veces da la impresión que hablan casi inconscientemente, desde la fragilidad y el humor absurdo.  El espacio de ficción, en el que los vivos conviven  con los muertos, parece un recipiente perfecto para contener la dispersión, un lugar donde el caos escuentra su estructura, donde lo irregular establece su propia normativa. Haría una lista larguísima para enumerar los gags y elementos paródicos (quiero destacar la escena en la que unas bailarinas contemporáneas intentan interpretar las sofisticadas instrucciones de una coreógrafa venida de Alemania); los recursos que como dramaturga me han fascinado; las ideas brillantes; los planos de lectura; pero el espacio de esta redacción tiene sus límites, así que animo a  la gente a que la lea, o a un programador a  que la traiga a Catalunya.

La gente que la ha visto en Bs As me ha contado que la intriga te atrapa sin concesiones, que la puesta en escena acaba de redondear esta maquinaria teatral que ya aparece definida en el papel. En mi opinión se trata de uno de los dramaturgos actuales más interesantes que he leído en los últimos tiempos.

¿Qué tienen estos teatreros argentinos y ese país que vive  siempre en los extremos?   Tal vez poco que perder y mucho para seguir arriesgando.