Nuevamente, un lugar de identidad incierta, una «zona indefinida que nadie reivindica como propia», un territorio fronterizo, en fin. Porque la SALA BECKETT no quiere ser ni un coto cerrado, cubículo particular de un grupo o capilla, ni una plaza pública, lugar de todo y para todos. Ni, catacumba ni fe­ria. Sede de un equipo...