[Traducción del inglés de parte del capítulo dedicado a Beckett, en Contemporary British Drama. Barcelona: PPU, 1989, pp. 305.]

 

Si la naturaleza poética de las obras de Beckett es la causa de que éstas reciban tan variadas y dispares interpretaciones, en el caso de Qué Dónde (1983) -su última pieza teatral- el resultado final es todavía más sorprendente y desconcertante, y por ende así lo son también las interpretaciones de la misma. La causa de tal confusión radica en el hecho de que en esta obra acción y palabras han quedado reducidas a una mera repetición caleidoscópica de esquemas similares.

Desde Esperando a Godot -donde los críticos vieron la dramatización de nuestra condición humana, una alegoría religiosa, una clara alusión a la Francia ocupada por los alemanes…, es decir, “una especie de test de Rorschach” –[1] hasta Qué Dónde, todos hemos estado muy ocupados intentando capturar la esencia de las obras de Beckett. En esta última pieza, el dramaturgo, con el más fino humor beckettiano, nos ha retado a todos con las dos últimas frases: V (Voz): “Make sense who may./ I switch off” -” Que entienda quien pueda./ Yo desconecto.”- [2]. Yo, por mi parte, intentaré seguir el hilo conductor lo mejor posible, y llegar hasta el centro de este inquietante laberinto. En esta obra, Beckett insiste de nuevo en el tema de la tortura, pero a diferencia de Catastrophe (1982), aquí no presenciamos el sufrimiento de un individuo, sino una purga general. La angustiante y amenazadora atmósfera de la pieza se patentiza de inmediato gracias a la imagen visual creada por el autor.

El escenario se encuentra dividido en dos áreas “iluminadas tenuemente” -una un rectángulo, la otra el punto ocupado por un pequeño megáfono-, y dantescamente habitado por cuatro hombres -Bam, Bem Bim y Bom-, cuatro figuras cuyos ropajes nos evocan el mundo druida y que entran, salen y vuelven a entrar obedeciendo las órdenes que les chilla (la voz de Bam) a través del megáfono.

Desde las primeras lineas de la obra, nos damos cuenta de que V, a semejanza de la “lámpara de pie, globo blanco del tamaño de una calavera, tenuemente iluminado” en Piece of Monologue (1979) simboliza una entidad que está al mismo tiempo conectada con los otros elementos e independiente de ellos. Se le podría comparar a D en Catastrophe, la figura del director-dios que controla todo. En una secuencia plenamente ritualística los cuatro personajes sobre el escenario -que visualmente contradicen la rotunda afirmación con que V inicia la obra: “Somos los cinco últimos” – realizan una serie de movimientos coordenados que se repiten cuatro veces. “Primero sin palabras”, tal como ha indicado V, después “con palabras” según él ordena.

Las palabras, exactamente las mismas las tres veces, nos hablan de alguien que se negó a “decirlo”. Lloró, chilló, imploró clemencia, se desmayó al ser torturado, pero, no confesó. En cada nueva repetición el sujeto al que se interroga varía -primero Bom, luego Bim y finalmente Bem- y cada vez, al no lograr dar una respuesta satisfactoria se le amenaza con el mismo castigo “se te torturará hasta que confieses”. Este bien organizado esquema de entradas y salidas, la repetición de la acción, la idéntica enunciación de las mismas preguntas por parte de Bam y de las misma respuestas por parte de los otros tres, cuando les toca el turno, crea una imagen del elemento cíclico presente en toda persecución política. Pero este esquema recurrente queda roto al principio de la cuarta fase, cuando, en lugar de volver a reaparecer Bom con lo cual la obra -como tantas otras veces en Beckett- podría comenzar de nuevo, Bam ocupa el puesto del acusado [3]. Quizás podemos aventurar que Beckett quiere que concluyamos que, un día, el Presidente de esta Gran Inquisición incluso llamará a declarar al propio Presidente para que V -su propia voz- le interrogue sobre ¿qué? y ¿dónde? Es más, también podemos concluir que la única verdad que le conseguirán extraer es la que V se dice a sí mismo -y que Beckett ha estado repitiendo desde su primera obra- “El tiempo pasa. Eso es todo.” [4]

 

"Área de actuación: rectángulo de 3m x 2m, débilmente iluminado, rodeado de sombra, desplazado hacia la derecha desde el punto de vista de la sala. En el proscenio, a la izquierda, débilmente iluminado, rodeado de sombra, V."

“Área de actuación: rectángulo de 3m x 2m, débilmente iluminado, rodeado de sombra, desplazado hacia la derecha desde el punto de vista de la sala. En el proscenio, a la izquierda, débilmente iluminado, rodeado de sombra, V.”

 

Qué Dónde fue representada por primera vez en el Festival de Graz en 1983, en alemán, y posteriormente -el 15 de junio de aquel mismo año- en Nueva York, en inglés. En este caso fue dirigida por Alan Schneider. El estreno en Gran Bretaña tuvo lugar el 13 de agosto en el Festival de Edimburgo, y la compañía encargada de ponerla en escena fue la misma -el Harold Clurman Theatre- que en Estados Unidos. Con ello rendían homenaje a su director, quien había muerto en trágicas circunstancias en Londres a principios de año. La crítica, completamente confundida, definió la obra como “un pequeño rompecabezas chino” [5], o la rechazaron de pleno por carecer de respuestas definitivas [6]. Creo que solamente se puede intentar comprender lo que Beckett desea expresar en esta pieza, relacionándola con el resto de su producción literaria. Hemos aprendido, por ejemplo, que en sus obras minimalistas cada componente, inclusive el número exacto de puntos suspensivos que ha escrito, juega un papel esencial. Por ello, creo que en este caso uno debe llevar a cabo el mismo tipo de análisis microscópico. Ya hemos resaltado la diferencia inherente a la forma en que los diferentes personajes mantienen la cabeza y su posible significado, pero hay otros elementos -en apariencia igualmente nimios- de los cuales no debemos prescindir si deseamos llegar a una posible exégesis de la obra. Así, por ejemplo, hay que reparar en que los personajes cruzan constantemente las áreas iluminadas y aquellas que permanecen en penumbra, y ya sabemos que, en Beckett, franquear la barrera de luz simboliza el paso del tiempo. También tenemos que observar que la voz incorpórea en Qué Dónde, como Mouth en Not I (Yo no), tiene vida propia, y que los cuatro personajes, como Listener y Reader de Ohio Impromptu, son “lo más parecido posible”; de todo ello, quizás, podemos deducir que la voz y los cuatro personajes son partes de un mismo e unívoco ser. Como siempre en Beckett, no hay nada que pueda considerarse una verdad incontestable. Nuestras preguntas quedan sin respuesta definitiva, y en el caso que nos ocupa, aún quedamos más confundidos de lo habitual, ya que en Qué Dónde ni siquiera sabemos cuáles son las preguntas que los torturadores formulan. Una y otra vez Bam inquiere: “¿No lo dijo?”, o “¿No dijo dónde?”, pero nunca se nos explica qué es exactamente ese lo, o a qué se refiere ese dónde.

Ahora bien, si, como en el caso de Catastrophe, no restringimos la imagen total de la obra a la representación de tan sólo un aspecto determinado -en este caso el carácter político de la misma- sino que, intentamos darle una proyección más amplia, entonces la pieza simboliza una situación válida para cualquier ser humano. El que ninguno de los cuatro protagonistas consiguiera dar una respuesta a V [7], cuando éste les incitó a hacerlo, reproduce exactamente nuestra incompetencia cuando intentamos resolver los misterios que nuestra condición humana nos presenta.

Obviamente, en Qué Dónde, tal como ocurre en la vida real, las preguntas cruciales no encuentran una respuesta satisfactoria, porque nosotros, criaturas limitadas, no somos ni tan siquiera conscientes de cual es la pregunta exacta. Generación tras generación, en círculos eternos, los hombres han elucubrado sobre los mismos enigmas filosóficos, y en cada nuevo ciclo, y a pesar de la presión, la tortura y la insistencia, la única conclusión ha sido: “El tiempo pasa. Eso es todo”. Yo creo que la frase de Beckett: “Que entienda quien pueda” no se refiere tan sólo a esta obra -a la cual, conociendo su sutil sentido del humor, evidentemente debe aplicarse- sino a nuestra condición en este mundo. Él nos reta a dar sentido a nuestras vidas, a nuestra efímera existencia en un universo cuyas respuestas, si las hay, permanecerán ocultas para nosotros, pues ni tan siquiera sabemos bien cuáles son las preguntas.

La última línea de la obra “Desconecto” indica el final de este interrogatorio kafkiano, y hace callar la voz de V; pero, quizás, también se refiere a que la labor del autor como creador debe concluir, y a que él -y ¿nosotros?- tenemos que retirarnos dentro del silencio y la soledad, pues, ahora, “es invierno” y “el tiempo pasa”. Sobre el escenario, a Qué Dónde le falta la calidad hipnótica de A Piece of Monologue y Rockaby, la impactante imagen teatral de Ohio Impromptu y Catastrophe, pero esta obra, una vez hemos intuido su significado, nos impresiona como una de las pesadillas más intensas entre todas las creadas por Beckett. Un cuento de horrores desconocidos, de torturas y sufrimientos que se repiten cíclicamente sin la menor esperanza de cambio o escapatoria, porque, para nuestro desespero total, cuando se nos exige una respuesta, ni siquiera nos hacen la pregunta completa. Por ello, Qué Dónde nos obsesionará mientras vivamos en este mundo, siempre preguntándonos, siempre intentando “poder entender”.

 

[1]  Vivian Mercier, Beckett/Beckett (Oxford: Oxford University Press, 1977), p. 7.
[2]  Para otra, muy interesante, traducción de la primera frase, véase “La huella del silencio en la pantalla o la voz de qué amo” de Jenaro Talens, Pausa. No. 5, Septiembre 1990, p. 19.
[3]  Llegados a este momento en la obra ya hemos aprendido a distinguir entre el personaje que entra y permanece de pie con la “cabeza inclinada” (i.e. se le interrogará y torturará), y el que mantiene su “cabeza altiva” (i.e. el será el torturador). En este caso en particular Bam, muy significativamente, “entra par W, se detiene en 3 con la cabeza inclinada”.
[4]  S. Beckett. What, Where en Collected Shorter Plays (London: Faber & Faber, 1984), p316
[5]  B.A. Young, “Financial Times”, 15.8.1984
[6]  Véase Catherine Hugues, Plays and Players, No. 36 (September 1983), pp.4-45, y Sheridan Morley, Punch, 5.9.1984.
[7]  V, como ‘Opener’ en Cascando, inicia y concluye la obra cuando desea, con una simple palabra: “Conecto”, “Desconecto”.